The Bioko Royal Family

LA FAMILIA REAL
Por Amador Martín, C.M.F.


Una de las cosas de más valor que suele reconocerse a los pueblos africanos es su magnífica organización política. Esta organización política llegó a crear estados tan vastos y poderosos como el de Manicongo, de Benin o de Ghana. También el pueblo bubi ostenta un maravilloso sistema de asociación en su modo perfecto para las necesidades culturales o económicas de aquellos tiempos. Hablemos algo de aquello que suele tener más fama entre nosotros, cual es la familia real.


La familia es la estructura básica en el acoplamiento político del pueblo bubi. Pero “familia” no es lo mismo en español que en bubi. Si damos el nombre de familia es porque en este vocablo indicamos principalmente un vínculo de sangre. Pues bien; en la biología bubi el vínculo de sangre no existe más que entre el hijo y la madre, no entre el hijo y el padre. Entre el hijo y el padre existirán poderosos vínculos espirituales y de veneración pero no carnales.

De aquí que en bubi la familia se componga de todo el conjunto de hermanos de una misma madre, y de todos los familiares y ascendentes de la madre, también por línea materna, juntamente con todos los antepasados en esa misma línea.

El conjunto así de familiares forma el rijoe [rihòe], cada uno con su propio nombre, conservado a través de los tiempos. Dentro del rijoe [rihòe] existe entre sus miembros un gran amor y una comunidad de bienes y poderes. Los bienes que tiene cada uno pertenecen en común a la familia.

Si una familia se extiende por varios pueblos, en todos ellos gozará uno cualquiera de sus miembros de la misma consideración y participará de los mismos bienes. Por lo tanto, en todo esto se está desvinculando del padre. No nos ha de extrañar, pues, que los hijos salgan de su hogar paterno y vayan a casa de sus tíos maternos; éstos le educarán mejor que su padre.

Este concepto de familia tiene gran importancia para explicar la línea sucesoria en los cargos políticos. El vínculo de sangre existente en todos los miembros de la familia no permite que entre sí realicen ninguna unión matrimonial ni de concubinato, por lejano que sea el parentesco que les una.

Un hijo hereda siempre los poderes acumulados en la sangre de la madre y como ya no puede unirse a una mujer que tenga esos mismos poderes, es decir: que sea de su familia, se ha de unir a otra y sus hijos, a los que él tampoco transmite nada, serán ya de otra familia y con otros poderes.

La sucesión de poderes irá siempre del hermano mayor en edad a los siguientes hermanos y de éstos a los sobrinos maternos, nunca del padre al hijo. En general los poderes se acumulan en el mayor de la familia existente en todo un distrito, como más próximo a sus antepasados que son los verdaderos poseedores de todo poder.

Estas estructuras matriarcales dentro del pueblo bubi concedían a éste gran estabilidad política. Cada uno nacía dentro de una familia con su rango propio, sabía el puesto que por herencia materna le tocaba y no intentaba oponerse a ese destino impuesto por Dios y los Espíritus, algo así como ahora los occidentales respetamos la propiedad heredada de los padres.

En toda la isla [Bioko] ha existido este sistema de jerarquías familiares. Por esto, fácilmente se concibe que si todos reconocen a una familia como la principal, el mayor de esta familia sea en realidad el “rey” de toda la isla y la mayor de esa familia la reina o la gran “madre” para todos los bubis.

Lo difícil será señalar el distrito donde el mayor de la familia sea reconocido como el mayor también para todos los demás distritos. Ese distrito ha sido tradicionalmente lo que nosotros ahora llamamos “valle de Moka”.

Quizá sea por ser el lugar más alto habitado por los bubis, de grandes ventajas en tiempo de guerra, o porque allí se asentaron desde el principio las primeras jerarquías o por ser el lugar de mayor riqueza en la antigüedad. En aquellos tiempos la riqueza se basaba en los ñames, cabras, lokó [lökó] o dinero bubi, maderas especiales para el fuego sagrado que arde en las casas de los espíritus... Todo esto se encontraba en abundancia en Moca [Moka].

En sus laderas se asentaban vinateros [baeba], cazadores [abébá] y en las playas los pescadores [baobè] para el muchucu [mötyúku] o rey. Moca [Moka] era el lugar de las mayores “fiestas” y por lo tanto del mayor poder.

Pero, además, hay una leyenda que nos puede explicar el porqué de la primacía del “valle de Moca”, leyenda de gran importancia para la historia oral del pueblo bubi.

En todos los distritos bubis se afirma que vinieron en cayuco de las tierras continentales. Las sucesivas emigraciones han sido contadas por nuestro P. Aymemí. Pero en lo que respecta a los bubis actuales del sur hay que poner cierta unidad en esas emigraciones.

La tradición de venerar con especiales ritos el lugar donde un bubi se asentó por vez primera nos permite averiguar cómo fueron expandiéndose los bubis por la isla y también el primer lugar de la isla donde desembargó el pueblo bubi. Ese lugar está señalado en la desembocadura de un pequeño río en el sur de la isla. Dicho río se llama Djiké y desagua casi junto al Mutálelo del Mapa de la Comisión Geográfica.

Aquella primera expedición de bubis, -dice la tradición- fue conducida bajo el mando de un guía extraordinario –el Moisés de los bubis- llamado Muametó. Muametó, lleno de emoción ante el feliz resultado de aquella navegación que les arribó a la isla pronunció un célebre discurso en el que repartió la isla, tal como se ve desde el sur, e instituyó así la jerarquización de los distritos.

Comenzó Muametó dando gracias a sus antepasados y a los espíritus protectores y después, subiéndose a una piedra –que aún sigue siendo venerada- y mandando sentar en otras tres piedras a los otros tres jerarcas de la expedición dijo:

Yo me quedaré aquí mandando las tierras bajas. Tú, Aba, subirás a aquellas alturas (señalando la actual Moca) y nos mandarás a todos. Tú, Vuamochiké [Vöamötyíké], escalarás aquellas otras (señalando el collado de Belebú) y allí mandarás. Y tú, Alobari, irás por el oeste y allí habitarás.

Desde entonces los tres grandes han sido el jefe de Moca como el principal, el de los babiaoma [babiáoma] de Ombori [Ömbóri] y el de los Vatete [Batete]. Pero todos ellos vinieron de Ureka y como apoyo de esta tradición histórica estaba el hecho de que antes de coronar al rey de Moca se habían de ofrecer cinco cabras al de Ureka, reconociendo así que de allí les vino la autoridad.

Desde la instalación de los bubis en Moca se han ido sucediendo tres familias reales:

La familia Babuuma

La familia Bapolo

La familia Bahítaari

La familia Babuuma fue la primera que se asentó en Moca.


Las familias posteriores reconocieron en ella la primacía, constituyéndose así en lo que nosotros ahora en el lenguaje occidental llamamos familia real. Adviértase que en el sistema bubi el gobierno como tal es teocrático; nada se hacía que no fuese imperado de lo alto o que no se hubiese consultado a los espíritus, que celebran su reunión con Dios y reciben de este sus poderes. El hombre importa poco; lo que importa son sus carismas.

En nuestro estado actual de investigación no sabemos si el Aba perteneció a aquella primera familia de Babuuma. Nos inclinamos a que así fue y la figura del Aba, conservada hasta nosotros después de haberse extinguido su familia, ha quedado como recuerdo de ella y como depositaria de todos los poderes y fuerzas espirituales que se han ido acumulando en el pueblo bubi desde su existencia en la isla.

Precisamente se halla muy cerca del lugar señalado y venerado, donde se estableció el primer pueblo de la familia Babuuma, del actual del Aba, que según ley no puede moverse nunca de su sitio.

Será difícil poder enumerar los reyes de aquella primitiva familia, aunque se abriga alguna esperanza, puesto que ciertos reyes son venerados por el pueblo como espíritus protectores.

Lo que sabemos ahora es que la familia Babuuma cesó en su reinado por lenta extinción de su rama noble, ya que si una mujer de la familia real se une a un nombre que no ha nacido dentro de ciertas familias nobles, su descendencia pierde nobleza. En este caso el último rey, al ver que los espíritus no le han dado ningún sucesor, designa él mismo la familia que le ha de sustituir.

Así se trasladó la corona a la familia Bapolo, cuyo origen en Moca puede contarse con algún pormenor.

La familia Bapolo y la familia Bahítaari entran en Moca al mismo tiempo.

Sucedió que a un hombre de Moca de la familia Bamolebori, llamada también Bariiki, le tocó en matrimonio una mujer de nombre Booba que habitaba en un pueblo, hace ya mucho tiempo desaparecido y famoso en la antigüedad. Este pueblo se llamaba Mosoló y se asentaba en la región de Bilélipa frente al islote Leven y junto al pueblo Moembe, que es el lugar donde se hacían las sartas de conchas que sirven para pulseras y brazaletes.

Fundó el pueblo de Mosoló la familia Bahítaari, venida de Ureka, por lo cual esta familia era la principal en el poblado. La mujer Booba pertenecía precisamente a esta familia y como según la ley la mujer ha de trasladarse al caserío de su marido, el pueblo se negó a ese traslado protestando que se trataba de la mujer que habría de ser su reina.

Tal contienda no terminaba de arreglarse hasta que un día Booba dijo secretamente a su marido: “iré contigo a Moca y allí fundaremos un nuevo pueblo. Sólo quiero que me permitas llevar el epadji, -olla para ofrendas- que está en la casa de mis antepasados”.

El marido accedió a este deseo de su mujer y cargado con la olla de barro, fueron subiendo hacia la meseta de Moca. Cuando Booba vio a su marido cansado de subir con la carga del epadji, le dijo resueltamente: dejemos rodar el epadji y donde se detenga allí construyamos nuestra casa. El epadji rodó por la montaña y fue a caer un poco más abajo del actual puente en las llamadas “casas vascas”.

Allí fundaron el primer pueblo que se llamó Riseete corriendo a su lado el arroyuelo Kobábiko.

Asentada ya en este pueblo la mujer Booba trajo a su lado para educarla a una niña de Bakake de la familia Bapolo. Esta niña se casó con uno de Moca y su descendencia se multiplicó prodigiosamente. Cuando murió el último rey Babuuma, la familia Bapolo había adquirido gran importancia y el rey la designó para sucederle.

Adviértase cómo estas tres familias tienen su origen en Ureka, -los de Bakake y Ureka son de la misma tribu- y se comprenderá fácilmente que deben ser las tres familias más antiguas en la isla.

Mientras la familia Bapolo reinaba, se expansionaba por el valle de Moca fundando nuevos pueblos la otra familia Bahítaari. Y no solamente en Moca sino por todos los pueblos de la isla se fue extendiendo esta familia. Porque desde que Booba se decidió a salir de Mosoló, este pueblo fue desapareciendo poco a poco y dispersándose en uniones matrimoniales hasta los caseríos más lejanos.

Hoy la familia Bahítaari es la gran familia real. En todos los pueblos –quizás en el norte no sea así- para ser muchucu, jefe de distrito, se necesitaba estar emparentado con esta familia.

Así no había luchas políticas, pues todos los jefes estaban emparentados con el rey. (Las guerras que con tanta frecuencia se desarrollaban en la isla se debían a ciertos bandos misteriosos con ceremoniales complicados y secretos). Si en algún pueblo se habían extinguido las mujeres Bahítaari se les mandaba muy pronto desde Moca alguna para que siguiese la familia real.

Dentro de esta familia han sido famosos para nosotros los últimos reyes.

Muajamitá, Moca, Sas Ebuera, Malabo, Alobari, Oriche. Buadjabitá reinaba ya hacia 1860. Moca comenzó a reinar hacia 1875 y terminó su reinado en 1899. Como su reinado fue largo, sus hermanos eran ya muy ancianos cuando les tocó reinar, y reinaron poco tiempo.

Para que uno pueda ser rey en estos tiempos se necesita ser hijo de una madre mohítaari y que el padre pertenezca a una de estas dos familias nobles: la bamuedaari o la bamolebori.

Sabemos los nombres de otros reyes, pero hay que aquilatar al menos su sucesión.

Para terminar, y saliéndonos del tema, describiremos la corona o tiara real. En el pueblo bubi el sombrero era lo que indicaba el grado de nobleza, la familia, sociedad o los espíritus a que uno pertenecía.

Era la prenda exterior de mayor importancia. Sustituye el sombrero a las máscaras de otros pueblos africanos.

El del rey se componía primero de un capacete con alas de cestería. De la parte central superior partían, colgando en todas las direcciones, sartas de discos de conchas [lökó] tantas que recubrían totalmente el capacete.

Cada sarta terminaba en alguna insignia, generalmente una pequeña pluma roja de loro. En el vértice del sombrero, uniendo todos los rayos de sartas de nácar terminados en rojo, se colocaba la gran insignia del djoko, que sólo podía llevarlo el rey y Aba (supremo jefe espiritual). El djoko es la base de una concha de un cono.

El sombrero se teñía totalmente de sangre y delante se colocaban dos cuernos de macho cabrío, sostenidos por una tira de pieles, piel sacada juntamente de la frente del animal.

(Este Artículo fue publicado en la Revista la Guinea Española.
Santa Isabel (Fernando Po). 1962, páginas 228-232)


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